Después de lo parado que tengo esto de los blogs podría parecer indecente que me vaya de vacaciones.
Respecto a la ausencia: trabajo obliga. Había que moverse para intentar sobrevivir a la crisis.
Ahora estoy agotado. Creo que he dejado buenos cimientos para cosechar resultados a mi vuelta. Me largo. Necesito descansar.
Pero estoy preocupado. Mi inactividad física (mi trabajo es de oficina) me ha procurado un sobrepeso algo escandaloso. No estoy precisamente hecho un adonis.
Debería seguir un régimen. ¿Qué os parece este?
A mi no me da buena espina...
30 June 2009
08 May 2009
Minutos musicales
Un poquito de música para amenizar el fin de semana.
He encontrado este interesante vídeo por ahí
He encontrado este interesante vídeo por ahí
Labels:
armónica,
Darth Vader,
humor,
La Guerra de las Galaxias,
música,
Star Wars
14 April 2009
Cuidar de las amigas
Igual que sucedió en mi entrada anterior, un comentario en el blog del chisposo Caco me estaba quedando demasiado largo y, como es habitual, lo he expropiado para colocarlo aquí.
Clara demostración de que mi fama de caballero debe ser totalmente inmerecida. Sucedió hace muchos años en las fiestas de Moralzarzal.
Dos amigos escoltábamos a Beatriz. Joaquín a su izquierda, yo a su derecha. Bea era una morenaza de bastante buen ver (y creo recordar que de familia con posibles). Algo pijita, pero muy divertida, simpática y femenina. Un bomboncito, vamos. Imagino que ambos albergábamos, supongo, esperanzas de ligárnosla (mis esperanzas eran muy discretas, las del otro quizás exageradamente optimistas, como siempre era habitual entre nosotros).
De pronto unos borrachos abrieron el camión de los toros (Ah, ¿que eran vaquillas? pues a mi me pareció ¡un triceratops!) dispuestos para el encierro de la tarde. Fue peligroso porque ocurrió de forma inesperada cuando todo el mundo caminaba sin protección por las calles con los carritos de los bebés, etc (entre los heridos recuerdo una abuela y su nieto que iba en bici).
El caso es que, al ver venir al astado lanzado hacia nosotros, el cuerpo fue más rápido que el cerebro y Joaquín salió disparado hacia la izquierda. Yo hice un recorte a la derecha, ágil cual gacela, y corrí con zancadas dignas de Carl Lewis.
Unas 15 zancadas y 2 esquinas dobladas después, el cerebro reaccionó estilo "¡Andá... los donut!"... es decir: "¡Dios mío! ¡Bea!..."
Habíamos abandonado a la pobre frente al morlaco como si fuera un trapo (rojo).
Automáticamente, hice un giro de 180 grados y corrí hacia la posición de salida, en su rescate (¿o para recoger sus restos?). A Joaquín debió sucederle exactamente lo mismo pues, corriendo desde direcciones opuestas, nos encontramos en el mismo punto, mirándonos con ojos como platos y exclamando '¡Bea!'.
Fue entonces cuando, desde lo alto, escuchamos un grito "¡Hijos de putaaaa! ¡Cobardes!".
Al mirar hacia arriba, vimos a Beatriz subida en una valla. Le había dado el tiempo justo a trepar.
Ni que decir tiene que mis esperanzas con ella se desvanecieron totalmente (no así las de Joaquín, pero es que el muy picha brava era inasequible al desaliento, ja, ja, ja).
Como castigo autoimpuesto —y para comprobar y construir nuestra valentía frente a las bestias— decidimos a partir de ese momento que siempre correríamos los encierros (cosa que antes no hacía por mi repulsa hacia los espectáculos taurinos)... Pero nuestras vicisitudes corriendo frente a los negros hervívoros astados son otra historia para futuros episodios, si me apetece.
Baste adelantar que Joaquín fue muy afortunado en su castigo cuando fue embestido por el astado, levantado en el aire y lanzado contra una puerta, que se abrió en el impacto... y resulto ser la puerta del centro de salud, con sus enfermeras y médico de guardia dentro. Este tío 'nació con una flor en el culo', como bien dicen. Por mi parte, no es por echarme flores, pero superé el incidente con Beatriz con una acción de valentía—con peligro de mi vida o, al menos, de mi trasero— en la que había tanta gente subiendo al venir el toro/vaquilla/triceratops que la barrera de madera que tapaba una calle empezó a caerse... me quedé sólo sujetándola como pude desde el callejón mientras la gente se ponía a salvo al otro lado y me ayudaron desde fuera a recolocarla. Sólo entonces pude hacer un recorte de último segundo y salvarme de la cornada, corriendo como alma que lleva el diablo y prometiéndome a mí mismo que sería la última vez.
Aunque hubo otra ocasión al día siguiente, inesperada y no deseada...
Clara demostración de que mi fama de caballero debe ser totalmente inmerecida. Sucedió hace muchos años en las fiestas de Moralzarzal.
Dos amigos escoltábamos a Beatriz. Joaquín a su izquierda, yo a su derecha. Bea era una morenaza de bastante buen ver (y creo recordar que de familia con posibles). Algo pijita, pero muy divertida, simpática y femenina. Un bomboncito, vamos. Imagino que ambos albergábamos, supongo, esperanzas de ligárnosla (mis esperanzas eran muy discretas, las del otro quizás exageradamente optimistas, como siempre era habitual entre nosotros).
De pronto unos borrachos abrieron el camión de los toros (Ah, ¿que eran vaquillas? pues a mi me pareció ¡un triceratops!) dispuestos para el encierro de la tarde. Fue peligroso porque ocurrió de forma inesperada cuando todo el mundo caminaba sin protección por las calles con los carritos de los bebés, etc (entre los heridos recuerdo una abuela y su nieto que iba en bici).
El caso es que, al ver venir al astado lanzado hacia nosotros, el cuerpo fue más rápido que el cerebro y Joaquín salió disparado hacia la izquierda. Yo hice un recorte a la derecha, ágil cual gacela, y corrí con zancadas dignas de Carl Lewis.
Unas 15 zancadas y 2 esquinas dobladas después, el cerebro reaccionó estilo "¡Andá... los donut!"... es decir: "¡Dios mío! ¡Bea!..."
Habíamos abandonado a la pobre frente al morlaco como si fuera un trapo (rojo).
Automáticamente, hice un giro de 180 grados y corrí hacia la posición de salida, en su rescate (¿o para recoger sus restos?). A Joaquín debió sucederle exactamente lo mismo pues, corriendo desde direcciones opuestas, nos encontramos en el mismo punto, mirándonos con ojos como platos y exclamando '¡Bea!'.
Fue entonces cuando, desde lo alto, escuchamos un grito "¡Hijos de putaaaa! ¡Cobardes!".
Al mirar hacia arriba, vimos a Beatriz subida en una valla. Le había dado el tiempo justo a trepar.
Ni que decir tiene que mis esperanzas con ella se desvanecieron totalmente (no así las de Joaquín, pero es que el muy picha brava era inasequible al desaliento, ja, ja, ja).
Como castigo autoimpuesto —y para comprobar y construir nuestra valentía frente a las bestias— decidimos a partir de ese momento que siempre correríamos los encierros (cosa que antes no hacía por mi repulsa hacia los espectáculos taurinos)... Pero nuestras vicisitudes corriendo frente a los negros hervívoros astados son otra historia para futuros episodios, si me apetece.
Baste adelantar que Joaquín fue muy afortunado en su castigo cuando fue embestido por el astado, levantado en el aire y lanzado contra una puerta, que se abrió en el impacto... y resulto ser la puerta del centro de salud, con sus enfermeras y médico de guardia dentro. Este tío 'nació con una flor en el culo', como bien dicen. Por mi parte, no es por echarme flores, pero superé el incidente con Beatriz con una acción de valentía—con peligro de mi vida o, al menos, de mi trasero— en la que había tanta gente subiendo al venir el toro/vaquilla/triceratops que la barrera de madera que tapaba una calle empezó a caerse... me quedé sólo sujetándola como pude desde el callejón mientras la gente se ponía a salvo al otro lado y me ayudaron desde fuera a recolocarla. Sólo entonces pude hacer un recorte de último segundo y salvarme de la cornada, corriendo como alma que lleva el diablo y prometiéndome a mí mismo que sería la última vez.
Aunque hubo otra ocasión al día siguiente, inesperada y no deseada...
Labels:
amigas,
festejos taurinos,
toros,
vaquillas,
vergüenza
18 March 2009
Historias de terror-humor
Estaba intentando comentar en una interesante entrada de mi amiga Fair Lady, que preguntaba sobre situaciones de terror vividas que luego resultaron verdaderamente estúpidas o divertidas.
El problema es que el comentario era demasiado largo, por lo que he preferido publicarlo aquí.
Los habituales ya sabréis de alguna de mis terroríficas/divertidas pesadillas. Pero paso ahora a contar dos situaciones reales, despierto (bueno, quizás despierto sólo a medias en la primera).
Encuentro con el diablo
Estaba yo entonces leyendo un libro de leyendas gallegas. Casi todas tenebrosas (¡como los gallegos!, ja, ja, ja!). Versaban sobre mouros 1 y fadas 2, encantos (encantamientos), meigas 3, muertos que dan bofetadas, la Santa Compaña 4 (que, por cierto, creo que la vimos cuando fuimos a hacer una psicofonía en un pequeño cementerio coruñés que descubrimos, paseando por perdidas corredoiras, con tumbas rotas y símbolos demoníacos... pero eso es otra historia, para otro día).
Me impactó una historia en la que las luces de una casa gallega fluctuaban, encendiéndose y apagándose rápidamente y, en cada fluctuación, se veía la imagen de un gato con cara humana (el diablo) que iba llenando la habitación. Era terrorífico.
Al día siguiente de haberlo leído, tenía un examen, por lo que me levanté temprano a repasar mientras toda mi familia dormía. Salí de la cama en la oscuridad y, arrastrando los pies, aún sonámbulo, me fui a la cocina para no molestar a nadie (y poder hacerme un necesario café). Al pulsar el interruptor... ¡la luz fluctuó! ¡Se encendió y apagó rápidamente! ¡Y con los ojos pegados por el sueño y deslumbrados por la luz ví (creí ver) a un gato con cara humana mirarme con cara de cabrón, flotando en la cocina!
Pegué un grito, solté los libros y corrí hacia mi cama, donde me hice un ovillo y me tapé hasta arriba.
Luego comprendí.
La luz de la cocina en casa de mis padres es un tubo fluorescente. ¿Os acordáis de como, antiguamente, al encender un fluorescente, siempre chisporrotea un par de veces hasta que se enciende del todo?
Pues era tan sólo eso. No recordaba la historia pero debía tenerla aún en el subconsciente y, claro, el click-click-click del fluorescente, hasta que se enciende del todo, me la trajo de repente a la mente, medio dormida.
Seré cobarde...
Susurros del más allá
Esta es mucho más reciente. Del mes pasado, sin ir más lejos.
He tenido largas jornadas de trabajo últimamente hasta altas horas de la noche. Solo en la oficina. Cuando me quedo solo, tengo la mala costumbre de fumar (está prohibido). A mi jefe le molesta mucho, pero hace la vista gorda. Al fin y al cabo, estoy sacándole las castañas del fuego.
El otro día, empecé de repente a oír unas voces de ultratumba, casi imperceptibles susurros. Sonó uno a mi espalda, algo así como el típico '¡Psst!' con el que te chistan para llamar tu atención. Se me puso la piel de gallina inmediatamente y se erizaron los pelos de mi nuca. Pero la cosa fue a peor. De repente, empecé a oir más susurros, sin saber de dónde venían, como si me estuvieran llamando '¡plasta!' (pesado, cansino...).
Siendo ateo y descreído en estas cosas (no lo era aún en la anterior historia), enseguida empecé a tener más miedo. Porque no creo que los muertos me puedan hacer nada. De quien hay que tener miedo es ¡de los vivos! Recordé los recientes robos en el polígono industrial. Tambien me acordé de los dos sigilosos gitanillos rumanos que se nos colaron dos días antes en la oficina, mirándolo todo —la policía dice que hacen de ojeadores para los adultos, a los que cuentan lo que hay robable o interesante— y que no descubrí hasta que tuve a uno a mi espalda. Ya me imaginaba apaleado o degollado para robarme un par de ordenadores desfasados. Revisé toda la oficina, con los puños cerrados, pero no encontré nada.
Una media hora más tarde, cuando me había olvidado de todo, los espíritus volvieron a llamarme en susurros. Mi miedo volvió a dispararse.
Otra media hora más tarde, descubrí el origen de los susurros.
Y me acordé de las pretendidas apariciones marianas en El Escorial (donde dicen que cuando se aparece —presuntamente— la Virgen María, huele a rosas... pero un amigo ha sido testigo —del engaño— y me comenta que la Virgen debe ser de este mundo y además un poco cutre, porque lo que huele es claramente de la marca Ambipur... a lo mejor allá en el Cielo tienen acciones de la companía...).
Pues sí. Descubrí a mis espíritus por el olfato.
Resulta que mi jefe ha colocado 4 ambientadores en lugares estratégicos. Son del tipo automático temporizado y liberan pequeñas descargas de ambientador cada 30 minutos. Pero no están perfectamente sincronizados. Primero suena uno a mi espalda ('Pst') y luego los otros tres, casí al unísono, pero con el desfase suficiente para que se solapen sonando como una frase corta ('Pls'... 'Pst'... de ahí que yo escuchara 'plasssstaa')
Como podéis comprobar, todo en la vida tiene una explicación razonable sin necesidad de recurrir a mitologías (otra cosa distinta es que conozcamos tal explicación, pero existir... existe)
1. Mouro: típica vieja asociación gallega del moro infiel como personaje demoníaco. Equivale a un ogro. Quizás tenga tantas connotaciones que puede merecer una investigación aquí.
2. Fada: Hada.
3. Meigas: Brujas (bruxas) gallegas. Ver la wiki-explicación para más información.
4. Santa Compaña: procesión de almas en pena. Más info aquí.
El problema es que el comentario era demasiado largo, por lo que he preferido publicarlo aquí.
Los habituales ya sabréis de alguna de mis terroríficas/divertidas pesadillas. Pero paso ahora a contar dos situaciones reales, despierto (bueno, quizás despierto sólo a medias en la primera).
Encuentro con el diablo
Estaba yo entonces leyendo un libro de leyendas gallegas. Casi todas tenebrosas (¡como los gallegos!, ja, ja, ja!). Versaban sobre mouros 1 y fadas 2, encantos (encantamientos), meigas 3, muertos que dan bofetadas, la Santa Compaña 4 (que, por cierto, creo que la vimos cuando fuimos a hacer una psicofonía en un pequeño cementerio coruñés que descubrimos, paseando por perdidas corredoiras, con tumbas rotas y símbolos demoníacos... pero eso es otra historia, para otro día).
Me impactó una historia en la que las luces de una casa gallega fluctuaban, encendiéndose y apagándose rápidamente y, en cada fluctuación, se veía la imagen de un gato con cara humana (el diablo) que iba llenando la habitación. Era terrorífico.
Al día siguiente de haberlo leído, tenía un examen, por lo que me levanté temprano a repasar mientras toda mi familia dormía. Salí de la cama en la oscuridad y, arrastrando los pies, aún sonámbulo, me fui a la cocina para no molestar a nadie (y poder hacerme un necesario café). Al pulsar el interruptor... ¡la luz fluctuó! ¡Se encendió y apagó rápidamente! ¡Y con los ojos pegados por el sueño y deslumbrados por la luz ví (creí ver) a un gato con cara humana mirarme con cara de cabrón, flotando en la cocina!
Pegué un grito, solté los libros y corrí hacia mi cama, donde me hice un ovillo y me tapé hasta arriba.
Luego comprendí.
La luz de la cocina en casa de mis padres es un tubo fluorescente. ¿Os acordáis de como, antiguamente, al encender un fluorescente, siempre chisporrotea un par de veces hasta que se enciende del todo?
Pues era tan sólo eso. No recordaba la historia pero debía tenerla aún en el subconsciente y, claro, el click-click-click del fluorescente, hasta que se enciende del todo, me la trajo de repente a la mente, medio dormida.
Seré cobarde...
Susurros del más allá
Esta es mucho más reciente. Del mes pasado, sin ir más lejos.
He tenido largas jornadas de trabajo últimamente hasta altas horas de la noche. Solo en la oficina. Cuando me quedo solo, tengo la mala costumbre de fumar (está prohibido). A mi jefe le molesta mucho, pero hace la vista gorda. Al fin y al cabo, estoy sacándole las castañas del fuego.
El otro día, empecé de repente a oír unas voces de ultratumba, casi imperceptibles susurros. Sonó uno a mi espalda, algo así como el típico '¡Psst!' con el que te chistan para llamar tu atención. Se me puso la piel de gallina inmediatamente y se erizaron los pelos de mi nuca. Pero la cosa fue a peor. De repente, empecé a oir más susurros, sin saber de dónde venían, como si me estuvieran llamando '¡plasta!' (pesado, cansino...).
Siendo ateo y descreído en estas cosas (no lo era aún en la anterior historia), enseguida empecé a tener más miedo. Porque no creo que los muertos me puedan hacer nada. De quien hay que tener miedo es ¡de los vivos! Recordé los recientes robos en el polígono industrial. Tambien me acordé de los dos sigilosos gitanillos rumanos que se nos colaron dos días antes en la oficina, mirándolo todo —la policía dice que hacen de ojeadores para los adultos, a los que cuentan lo que hay robable o interesante— y que no descubrí hasta que tuve a uno a mi espalda. Ya me imaginaba apaleado o degollado para robarme un par de ordenadores desfasados. Revisé toda la oficina, con los puños cerrados, pero no encontré nada.
Una media hora más tarde, cuando me había olvidado de todo, los espíritus volvieron a llamarme en susurros. Mi miedo volvió a dispararse.
Otra media hora más tarde, descubrí el origen de los susurros.
Y me acordé de las pretendidas apariciones marianas en El Escorial (donde dicen que cuando se aparece —presuntamente— la Virgen María, huele a rosas... pero un amigo ha sido testigo —del engaño— y me comenta que la Virgen debe ser de este mundo y además un poco cutre, porque lo que huele es claramente de la marca Ambipur... a lo mejor allá en el Cielo tienen acciones de la companía...).
Pues sí. Descubrí a mis espíritus por el olfato.
Resulta que mi jefe ha colocado 4 ambientadores en lugares estratégicos. Son del tipo automático temporizado y liberan pequeñas descargas de ambientador cada 30 minutos. Pero no están perfectamente sincronizados. Primero suena uno a mi espalda ('Pst') y luego los otros tres, casí al unísono, pero con el desfase suficiente para que se solapen sonando como una frase corta ('Pls'... 'Pst'... de ahí que yo escuchara 'plasssstaa')
Como podéis comprobar, todo en la vida tiene una explicación razonable sin necesidad de recurrir a mitologías (otra cosa distinta es que conozcamos tal explicación, pero existir... existe)
1. Mouro: típica vieja asociación gallega del moro infiel como personaje demoníaco. Equivale a un ogro. Quizás tenga tantas connotaciones que puede merecer una investigación aquí.
2. Fada: Hada.
3. Meigas: Brujas (bruxas) gallegas. Ver la wiki-explicación para más información.
4. Santa Compaña: procesión de almas en pena. Más info aquí.
17 March 2009
27 January 2009
¿Castigo desproporcionado?
Aunque lo parezca, no me refiero al bombardeo masivo de Gaza.
El fenómeno fan siempre me ha llamado la atención. Me sorprenden imágenes como las de los conciertos de los Beatles en que, rayando el paroxismo, las jovencitas tiemblan, lloran histéricas y se desmayan al verles y oirles. Lo veía como algo lejano...
Pero me he visto envuelto en una vorágine de fanatismo estrogénico por parte de un aquelarre de adorables jovencitas enamoradas de Ben Affleck. A consecuencia de ello, he cometido (lo reconozco) un error por el que he pedido humildemente perdón y se me ha impuesto una pena —penitencia, le llaman, lo que considero un nombre apropiado por sus connotaciones— pero, vayamos por partes.
Historia de lo sucedido
Fair Lady creó una adorable entrada en su blog con motivo de un episodio según el cual se dio de bruces con un doble de Ben Affleck. Dicha entrada produjo el consabido coro de oooooohes esperable entre las féminas.
Entrada de Fair Lady el 16 de enero de 2009.
Una semana después, cotilleando por YouTube, me encontré con una interesante historia ocurrida en la televisión norteamericana, entre el presentador Jimmy Kimmel y su novia Sarah Silverman.
Decidí hacer una entrada en mi otro blog acerca de ello ya que el tal Ben Affleck aparecía en uno de los vídeos que estos dos personajes se intercambiaban. Dado que el contenido fue considerado chabacano (curioso entonces que haya aparecido en la puritana TV norteamericana), no puedo comentar nada aquí . Los enlaces son:
Vídeo de Sarah (y Matt Damon) a Jimmy
Vídeo respuesta de Jimmy (y un montón de amigos, Ben Affleck incluído) a Sarah.
Al margen de que esto es una auténtica estupidez de tele-basura y un derroche de medios, quedé impresionado por la producción videográfica y el despliegue de personajes famosos dedicados a semejante chorrada.
Como digo, mi entrada levantó ampollas, de modo que la borré. No quería sufrir cockchoping por parte del Comité Femenino para la Canonización de Ben Affleck.
Por todo ello, como dije, pedí perdón y me fue impuesta la siguiente...
Penitencia
Una entrada posterior de Fair Lady en su blog, del 26 de enero del corriente, estipula que soy condenado a llevar una foto de Ben Affleck en mi cartera. La duración de la pena es de un mes y un día. Como cumplidor que soy (y porque cuesta tan poco haceros felices) acepto la pena. Comenzando desde el mismo día 26. Asimismo, he de aportar pruebas de que así ha sido, de tanto en tanto. Al final del penoso (y desproporcionado) castigo he de publicar esta entrada que estás leyendo (ser un torpe muñones es duro, ya veis).
Comienza aquí mi informe diario de cumplimiento de condena (obviaré los días en los que no suceda nada reseñable, pero Ben me acompañará igualmente en la cartera):
26 de enero. Primer día. Imprimo y recorto la foto. La introduzco en mi cartera al lado del carnet de cliente de Caprabo, encima de la Visa Oro (para lo que la uso...). No pienso quitar la foto pero he decidido no pisar el Caprabo en un mes, no sea que me lo vean las cajeras (la sentencia no sienta jurisprudencia alguna en este punto). Compro hoy en Carrefour.
27 de enero. Acompaño a mi esposa al médico. Al salir, la farmacia está cerrada, por lo que decidimos que compre la medicación ella más tarde. Para ello, pasamos por un cajero automático. Al sacar la cartera me tiemblan las manos: debo ser cuidadoso para que ella no vea a Ben (me pediría el divorcio o, como mínimo, explicaciones). Consigo sacar la tarjeta verde (no uso la oro, afortunadamente) y efectuar la misión sin perecer en combate. Llevo el coche a Carglass, para que me cambien el parabrisas rajado. Aquí he de acudir a mi cartera para sacar la tarjeta del seguro. No me acordaba de Ben y, al rebuscar, aparece. Afortunadamente, el dependiente de Carglass ni se ha enterado. Otra vez salvo el trasero. Llego a la oficina. Hago una foto demostrativa de cumplimiento, que envío a mi juez (no Garzón, sino Fair Lady que es mejor) por e-mail.
31 de enero. Decido endurecer mi penitencia. Sí, me atrevo a hacer una machada: ¡voy a comprar al Caprabo! Ello supone que tendré que utilizar la tarjeta de cliente (si quiero beneficiarme de los descuentos. En realidad uno es machote pero no tanto (hay que ir poco a poco), por lo que saco la tarjeta cuidadosamente mucho antes de llegar a las cajas, cuando nadie me ve, escondido tras el lineal de las salchichas (pura coincidencia, purer Zufallwurst). Tras utilizar la tarjeta, no me atrevo a colocarla en la cartera delante de testigos, por lo que la meto directamente en el bolsillo. Una vez en casa y encerrado en el baño para mayor privacidad, devuelvo la tarjeta a su lugar en la cartera, junto a Ben. Creo que está bien para un primer paso. Vayamos poco a poco. El fin de semana siguiente intentaré ir más lejos.
2 de febrero. Ben y yo llevamos ya juntos una semana. Empezamos a sentirnos a gusto y menos cohibidos, por lo que decidimos darnos un homenaje: una comida (no penséis mal) romántica para celebrarlo. Así que compro (en Carrefour; no tengo Caprabos cerca de la oficina) unos pastelitos apropiados para darnos un banquete.

De aquí en adelante... Un exceso de trabajo contribuye a que me aleje temporalmente de los blogs. Sí, ya sé que hay crisis... no vayáis a pensar nada raro: se trata de un trabajo extraño, mal pagado, un marrón que me tiene hasta arriba. Pero sé que en cuanto acabe, volveré a la (terrible) realidad de rascarme la (cada vez más prominente) barriga...
Ben ya es parte integral de mi cartera con toda naturalidad. Hemos debido alcanzar la madurez y la naturalidad en nuestra relación. Pasa desapercibido pero sigue conmigo. No hay nada especial que reseñar. ¡Esto parece un matrimonio! ja, ja.
27 de febrero... Me invade la tristeza. Termina hoy nuestra unión. Voy a echarle de menos.
Retiraré la imagen de mi cartera. Pero esperaré al final del día, no quiero correr (¿estaré teniendo un Brokeback Moment?
Conservaré la foto para enviársela como trofeo a Fair Lady, un día de estos, en recuerdo de esta condena y de mi cumplimiento.
Adiós, Ben
Fue bonito mientras duró
:(
El fenómeno fan siempre me ha llamado la atención. Me sorprenden imágenes como las de los conciertos de los Beatles en que, rayando el paroxismo, las jovencitas tiemblan, lloran histéricas y se desmayan al verles y oirles. Lo veía como algo lejano...
Pero me he visto envuelto en una vorágine de fanatismo estrogénico por parte de un aquelarre de adorables jovencitas enamoradas de Ben Affleck. A consecuencia de ello, he cometido (lo reconozco) un error por el que he pedido humildemente perdón y se me ha impuesto una pena —penitencia, le llaman, lo que considero un nombre apropiado por sus connotaciones— pero, vayamos por partes.
Historia de lo sucedido
Fair Lady creó una adorable entrada en su blog con motivo de un episodio según el cual se dio de bruces con un doble de Ben Affleck. Dicha entrada produjo el consabido coro de oooooohes esperable entre las féminas.
Entrada de Fair Lady el 16 de enero de 2009.
Una semana después, cotilleando por YouTube, me encontré con una interesante historia ocurrida en la televisión norteamericana, entre el presentador Jimmy Kimmel y su novia Sarah Silverman.
Decidí hacer una entrada en mi otro blog acerca de ello ya que el tal Ben Affleck aparecía en uno de los vídeos que estos dos personajes se intercambiaban. Dado que el contenido fue considerado chabacano (curioso entonces que haya aparecido en la puritana TV norteamericana), no puedo comentar nada aquí . Los enlaces son:
Vídeo de Sarah (y Matt Damon) a Jimmy
Vídeo respuesta de Jimmy (y un montón de amigos, Ben Affleck incluído) a Sarah.
Al margen de que esto es una auténtica estupidez de tele-basura y un derroche de medios, quedé impresionado por la producción videográfica y el despliegue de personajes famosos dedicados a semejante chorrada.
Como digo, mi entrada levantó ampollas, de modo que la borré. No quería sufrir cockchoping por parte del Comité Femenino para la Canonización de Ben Affleck.
Por todo ello, como dije, pedí perdón y me fue impuesta la siguiente...
Penitencia
Una entrada posterior de Fair Lady en su blog, del 26 de enero del corriente, estipula que soy condenado a llevar una foto de Ben Affleck en mi cartera. La duración de la pena es de un mes y un día. Como cumplidor que soy (y porque cuesta tan poco haceros felices) acepto la pena. Comenzando desde el mismo día 26. Asimismo, he de aportar pruebas de que así ha sido, de tanto en tanto. Al final del penoso (y desproporcionado) castigo he de publicar esta entrada que estás leyendo (ser un torpe muñones es duro, ya veis).
Comienza aquí mi informe diario de cumplimiento de condena (obviaré los días en los que no suceda nada reseñable, pero Ben me acompañará igualmente en la cartera):
26 de enero. Primer día. Imprimo y recorto la foto. La introduzco en mi cartera al lado del carnet de cliente de Caprabo, encima de la Visa Oro (para lo que la uso...). No pienso quitar la foto pero he decidido no pisar el Caprabo en un mes, no sea que me lo vean las cajeras (la sentencia no sienta jurisprudencia alguna en este punto). Compro hoy en Carrefour.
27 de enero. Acompaño a mi esposa al médico. Al salir, la farmacia está cerrada, por lo que decidimos que compre la medicación ella más tarde. Para ello, pasamos por un cajero automático. Al sacar la cartera me tiemblan las manos: debo ser cuidadoso para que ella no vea a Ben (me pediría el divorcio o, como mínimo, explicaciones). Consigo sacar la tarjeta verde (no uso la oro, afortunadamente) y efectuar la misión sin perecer en combate. Llevo el coche a Carglass, para que me cambien el parabrisas rajado. Aquí he de acudir a mi cartera para sacar la tarjeta del seguro. No me acordaba de Ben y, al rebuscar, aparece. Afortunadamente, el dependiente de Carglass ni se ha enterado. Otra vez salvo el trasero. Llego a la oficina. Hago una foto demostrativa de cumplimiento, que envío a mi juez (no Garzón, sino Fair Lady que es mejor) por e-mail.31 de enero. Decido endurecer mi penitencia. Sí, me atrevo a hacer una machada: ¡voy a comprar al Caprabo! Ello supone que tendré que utilizar la tarjeta de cliente (si quiero beneficiarme de los descuentos. En realidad uno es machote pero no tanto (hay que ir poco a poco), por lo que saco la tarjeta cuidadosamente mucho antes de llegar a las cajas, cuando nadie me ve, escondido tras el lineal de las salchichas (pura coincidencia, purer Zufallwurst). Tras utilizar la tarjeta, no me atrevo a colocarla en la cartera delante de testigos, por lo que la meto directamente en el bolsillo. Una vez en casa y encerrado en el baño para mayor privacidad, devuelvo la tarjeta a su lugar en la cartera, junto a Ben. Creo que está bien para un primer paso. Vayamos poco a poco. El fin de semana siguiente intentaré ir más lejos.
2 de febrero. Ben y yo llevamos ya juntos una semana. Empezamos a sentirnos a gusto y menos cohibidos, por lo que decidimos darnos un homenaje: una comida (no penséis mal) romántica para celebrarlo. Así que compro (en Carrefour; no tengo Caprabos cerca de la oficina) unos pastelitos apropiados para darnos un banquete.

De aquí en adelante... Un exceso de trabajo contribuye a que me aleje temporalmente de los blogs. Sí, ya sé que hay crisis... no vayáis a pensar nada raro: se trata de un trabajo extraño, mal pagado, un marrón que me tiene hasta arriba. Pero sé que en cuanto acabe, volveré a la (terrible) realidad de rascarme la (cada vez más prominente) barriga...
Ben ya es parte integral de mi cartera con toda naturalidad. Hemos debido alcanzar la madurez y la naturalidad en nuestra relación. Pasa desapercibido pero sigue conmigo. No hay nada especial que reseñar. ¡Esto parece un matrimonio! ja, ja.
27 de febrero... Me invade la tristeza. Termina hoy nuestra unión. Voy a echarle de menos.
Retiraré la imagen de mi cartera. Pero esperaré al final del día, no quiero correr (¿estaré teniendo un Brokeback Moment?
Conservaré la foto para enviársela como trofeo a Fair Lady, un día de estos, en recuerdo de esta condena y de mi cumplimiento.
Adiós, Ben
Fue bonito mientras duró
:(
17 December 2008
Dislexia dactilar
A veces, cuando tecleo, parece que en vez de dedos tengo en las manos un manojo de p*y*s (con perdón). O será por culpa de los muñones...
El caso es que hoy escribía a toda prisa un e-mail dando cuenta de las últimas gestiones laborales que estaba realizando y, en medio de la retahila, mis dedos se trabaron soltando una perla como esta:
...y, entre medias, contías salidas repartiendo paquetes...
O algo así. Por supuesto, he recibido respuesta pidiendo una explicación de quiénes eran esas tías salidas con las que me iba yo a repartir los regalos de navidad de la empresa.
Mi intención era haber escrito 'contínuas salidas', pero la velocidad, el estrés y las prisas me han traicionado (mi interlocutora, muy graciosa, ha sugerido que es el subsconsciente el que en realidad me traiciona)
Esto me ha recordado mi más habitual metedura de pata al teclado: la firma.
Suelo terminar con la frase "Un saludo" antes de mi nombre pero, por culpa de mis dedos y del inútil que diseñó los teclados QWERTY y decidió colocar la u al lado de la i, suele quedarme:
Un salido
Carlos
El caso es que hoy escribía a toda prisa un e-mail dando cuenta de las últimas gestiones laborales que estaba realizando y, en medio de la retahila, mis dedos se trabaron soltando una perla como esta:
...y, entre medias, contías salidas repartiendo paquetes...
O algo así. Por supuesto, he recibido respuesta pidiendo una explicación de quiénes eran esas tías salidas con las que me iba yo a repartir los regalos de navidad de la empresa.
Mi intención era haber escrito 'contínuas salidas', pero la velocidad, el estrés y las prisas me han traicionado (mi interlocutora, muy graciosa, ha sugerido que es el subsconsciente el que en realidad me traiciona)
Esto me ha recordado mi más habitual metedura de pata al teclado: la firma.
Suelo terminar con la frase "Un saludo" antes de mi nombre pero, por culpa de mis dedos y del inútil que diseñó los teclados QWERTY y decidió colocar la u al lado de la i, suele quedarme:
Un salido
Carlos
Subscribe to:
Posts (Atom)